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Premios desde la presidencia sin ton ni son.

Esta tarde se ha celebrado en Mérida una corrida de toros que a priori era del interés del aficionado y del público, que a pesar de parecer lo mismo no lo son. En San Albín esta tarde se congregaron poco menos de dos mil personas, de las cuales una muy escasa minoría era de aficionados que sabían lo que estaban viendo. Una corrida muy escasa de presentación y presencia, que para ser la plaza que era se quedaba justita.

Pero las mayorías hacen ruido, y mucho, y eso es lo que ha sucedido esta tarde en San Albín, esta tarde el público que presenciaba la corrida ha hecho el suficiente ruido como para que la presidencia haya tomado decisiones para nada acertadas.

Un presidente de una plaza de segunda categoría como es la plaza de toros de Mérida no puede otorgar trofeos tan a la ligera como ha otorgado, la faena al cuarto de la tarde no era para nada merecedora de los premios que se le han concedido, dos orejas, rabo y vuelta al ruedo al toro; pero ¿Como premia con la vuelta al ruedo a ese toro? un toro que no se ha empleado en el caballo y que en todo momento se ha visto desrazado, sin codicia y sin empuje de ningún tipo. Es verdad que Antonio Ferrera ha mimado al toro durante toda la lidia, pero de ahí a premiar la faena con los tres trofeos y al toro con la vuelta al ruedo dista un mundo.

Pero no queda ahí la cosa, con el quinto de la tarde, otro toro que no se ha visto en el caballo, que ha recibido un picotazo en el tercio de varas y que en ningún momento ha sido un toro con raza y con fuerza, acometía una y otra vez a la muleta, pero sin son ni transmisión, simplemente pasaba sin más y la presidencia ha tenido a bien otorgarle el indulto.

¿Pero donde se ha visto eso? ¿que ha estado viendo la presidencia para otorgar el indulto?, ¿ a caso la presidencia se ha dejado llevar por el griterío y el vocerío del público?. Un presidente que concede indultos y premios así tan a la ligera no le hace bien ninguno a la tauromaquia. Hay que tener un poco más de criterio y ajustarse en realidad a lo que sucede en el coso, y en esta ocasión lo que ha sucedido es que ni el cuarto era merecedor de la vuelta al ruedo ni el quinto era merecedor del indulto.

Se está bajando el listón de como medir las faenas estrepitosamente, el público vocero, ese público que jalea faenas con el torero fuera de sitió, ese público que jalea que un toro vaya detrás de la muleta aunque sea sin codicia ni transmisión y que a la primera de cambio vocifera pidiendo el indulto se deja oír más que los aficionados, y los aficionados de verdad cada vez se van más cabreados con lo sucedido en las plazas de toros y por ende más desilusionados.

Mal camino llevamos si las presidencias siguen doblegándose al vocerío de quien pide trofeos e indultos a troche y moche sin tener en cuenta más que un puñado de pases, sean dados fuera de sitio o no, y lo merezca el toro o no.

Indultitis se le dice hoy en día a ese mal endémico que sufre la tauromaquia, yo lo llamaría falta de afición por parte de quién se sienta en las gradas y falta de profesionalidad por parte de quien se sienta en el palco.

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