Hace pocos días realizaba un artículo donde me mostraba contrario al indulto que se llevó a cabo el pasado fin de semana en la plaza de toros de Mérida (Badajoz) por ser totalmente injusto y excesivo, pues, ¿No quieres caldo?, pues toma tres tazas y la última rebosando.
Lo que hemos presenciado esta tarde en la plaza de toros de Higuera la Real (Badajoz) ha sido algo esperpéntico, nadie puede concebir que un maestro del toreo como es Antonio Ferrera se obceque en forzar un indulto que a todas luces no era merecido. El maestro se ha empeñado en forzar un indulto de un toro al que no se le ha visto en el caballo y al que tampoco se le ha visto por el pitón derecho, ha forzado un indulto de manera que poco menos se ha encarado con la presidencia. Un matador de toros del nivel del maestro Ferrera no puede encabezonarse en indultar un toro de esa manera, tras recibir dos avisos desde la presidencia seguía instando a la banda para que siguiese tocando mientras da tandas cortas sin transmisión ninguna. Eso no es de recibo.
Pero el problema no reside en que el maestro se empeñase en un indulto que no tenía ni pies ni cabeza, si no en lo laxo que ha resultado ser el presidente, un presidente no puede dejarse llevar por los caprichos de quién está en el ruedo, si ya le ha encomendado dos veces a matar al toro y le ha enviado dos avisos, lo lógico es que hiciese sonar el tercer aviso y asunto resuelto. Pero una vez más los pocos aficionados que había en la plaza mientras que el resto del público vociferaba y pedía el indulto por inercia, porque el matador había considerado que era de indulto.
Mala senda hemos cogido con el tema de los indultos, flaco favor se le hace a la tauromaquia concediendo indultos donde y cuando no se merecen, flaco favor se le hace a la fiesta poniendo a presidentes manipulables y sin firmeza como para mantener su criterio en los palcos y flaco favor se le hace a la fiesta si nos conformamos con que el público asistente no tenga criterio para saber discernir si de verdad hay que pedir un indulto o hay que hacer caso omiso cuando desde el ruedo tratan de evitar la suerte de matar forzando el indulto.
Señores tenemos que ser serios cuando asistimos a las plazas de toros, igual que tenemos que saber reconocer cuando un toro es o no es de indulto, tenemos que saber reconocer lo que se hace en el ruedo y es merecedor de triunfo, pero para ello hay que educar al público y conseguir que dejen de ser público para ser aficionados, y, también hay que conseguir que quién ejerce de presidente sea lo suficientemente firme como para poder indultar un toro si se dan las circunstancias oportunas o para que suenen los tres avisos y que el toro vuelva a los corrales sin indultar por mucho que el diestro se empeñe en que no sea así.
Una pena y una tristeza que nuestra fiesta divague de esa manera hoy en día.
