Tarde de alternativa.
Hoy 2 de mayo era el día fijado para que el novillero pacense Juan Ángel García Corbacho tomase la alternativa de manos de Antonio Ferrera y con José Garrido como testigo.
El lugar elegido para ello era la plaza de toros de la localidad pacense de Higuera La Real a las 18:30 hora donde se lidiarían toros de Días Coutinho.
A la hora indicada aparecían los dos toreros y el toricantano en el patio de cuadrillas de la citada plaza de toros donde Antio Ferrera lo hacía con un terno grana y oro, José Garrido lucía un terno azul noche y oro y Juan Ángel García Corbacho lo hacía con un vestido verde espuma de mar y oro.
Juan Ángel García Corbacho:
El toro de su doctorado como matador de toros y primero de la tarde, resultó ser un toro negro chorreado que salió sin brío de los chiqueros, un toro con el que García Corbacho mostraba toda su entrega y toda su predisposición para sacarle lo poco que el toro podía ofrecer ya que resultó un toro desrazado y un manso de manual, una faena de entrega y tesón por parte del toricantano tanto con el capote como con la muleta conseguía que el público ofreciera las primeras ovaciones de la tarde, para cerrar la faena el nuevo torero aplicó una estocada entera pero que inexplicablemente hacía guardia, no obstante recibió una más que justa oreja que fue arrancada por su tensón y su trabajo que por lo que ofreció el toro.
Su segundo toro volvía a ser un toro de pelo negro, esta vez el de Días Coutinho salía de toriles con más brío y con más ímpetu que su primer contrincante, esté resultó ser un toro con un peligro constante, que presentaba pelea engallado y encampanado en toda la lidia, llegando a complicarle el tercio de banderillas y el tercio de varas a la cuadrilla de García Corbacho.
De nuevo el recién doctorado volvía a tirar de coraje y de ganas para tratar de ahormar a un toro que resultaba bronco y que presentaba peligro en cada muletazo que le aplicaba el torero. Las ganas y la entrega de García Corbacho por sacarle al toro todo lo que fuese posible tuvieron como consecuencia que el toro le propinase una aparatosa voltereta de la que milagrosamente salió sin herida por cuerno de toro. Volvió el torero a la cara de su contrincante para terminar la faena y pasaportarlo recetando otra estocada entera que nuevamente hacía guardia pero que era más que suficiente para hacer rodar al toro y que el público le pidiese de otra merecida oreja con la que conseguía abrir la puerta grande en la tarde de su doctorado.
Antonio Ferrera:
El diestro de Villafranco recibía con un buen saludo capotero al primero de sus toros, un toro negro bragado que dejaba ver de nuevo que era tan desrazado y manso con el primero de la tarde. No obstante, este toro fue devuelto a los corrales, ya que en su encuentro con el caballo y notar la puya el toro salió rebrincado y con el salto la puya se deslizó por todo el lomo realizando un ojal desde el morrillo a la penca del rabo, las protestas de la gente propiciaron que el toro se devolviese, aunque hay que reconocer que lo justo habría sido realizar un trasteo de muleta y estoquear al toro sin que tuviera que salir un segundo bis. El segundo bis.
El segundo bis de la tarde volvía a ser un toro negro escaso de trapío y que tampoco mostraba signos de raza, justo el saludo capotero de Antonio Ferrera y complicado los tercios de banderillas y varas para la cuadrilla. Dada la condición de manso del toro y lo inexistente de la faena, Ferrera aplicó una estocada que hacía rodar al de Días Coutinho, palmas para el matador y pitos para el toro en el arrastre.
El cuarto de la tarde y segundo del lote de Antonio Ferrera, un cárdeno oscuro, resultó ser el toro con más brío, raza y fuerza de la tarde, no obstante, seguía dejando mucho que desear en su comportamiento. El toro no se vio en el caballo, donde solo recibió un picotazo y no se empleó y no complicó el tercio de banderillas a la cuadrilla. Ferrera comenzaba su faena de muleta y probaba el toro por ambos pitones, para decidir basar su faena en el pitón izquierdo y dejar el pitón derecho sin torear, la faena avanzaba hasta que algunos asistentes comenzaban a pedir el indulto del toro, cosa que Ferrera recibía de buen agrado y tomaba como objetivo forzando la situación para que el presidente tras dos avisos terminase por otorgar un indulto a todas luces excesivo e inmerecido, inicialmente el presidente le indicaba al matador que debía estoquear el toro, desoyendo las órdenes del palco Ferrera volvía a dar varias tandas con la muleta instando a la banda a que siguiera tocando, consiguiendo así un indulto injusto para el toro y llevando a la presidencia a una tesitura en la que si se hubiese sabido mantener deberían de haber sonado los tres avisos y haber devuelto el toro a los corrales sin estoquear. Flaco favor se le hace a la tauromaquia con ejemplos como este.
José Garrido:
El primero de Garrido y tercero de la tarde resultó ser otro toro negro bragado, con más fuerza y brío que los anteriores, un buen saludo capotero y un buen quite en el tercio de varas pudo aplicarle Garrido manejando el percal. Un tercio de varas justo y un tercio de banderillas aseado dieron paso a una faena de muleta de tesón y de trabajo por parte de Garrido, con la pañosa consiguió sacarle al toro lo poco que podía ofrecer, el empeño de Garrido conseguía que el toro recibiese varias tandas que no lograban transmitir todo lo esperado al público. Tras un pinchazo y una estocada casi entera hizo rodar al toro recibiendo una ovación del público.
Quinto de la tarde y segundo de Garrido; un toro negro que seguía la línea de sus hermanos de camada, toro desrazado y con las fuerzas justas para que tras pararlo con el capote recibiese un puyazo justo y un tercio de banderillas sin florituras. La faena tenía que ser más de lo mismo que el resto de la tarde, Garrido tuvo que arrancarle los pases con la muleta a base de oficio y de empeño, entregándose para poder ligar algunas tandas y que el toro pareciese mejor de lo que en realidad era. Un estocada bien colocada hacía buen efecto y conseguía que el toro rodase, reconocimiento desde el público con ovación y petición de las dos orejas que concedía la presidencia.
