No son pocas las veces que el toreo y el flamenco van de la mano, desde toreros cantando en el ruedo, como hizo el maestro Talavante en Mérida para asombro del público asistente, o cantaores que se arrancan desde el tendido para cantarle al maestro que muleta en mano confecciona la faena a un buen burel.
Entre estos que dominan el flamenco podemos contar con el artista al que hoy hacemos referencia, un cantaor de cante añejo, de cantes que son difíciles de dominar, de cantes muchas veces caídos en desuso, cantes de trilla, fandangos abandolaos, cantes de minas, cantes de los que hace falta tener los bemoles bien puestos para subirte a unas tablas y espetarle al público estos cantes, público que prácticamente en su totalidad se queda boquiabierto y cuando acaba cada copla se calienta las manos de lo lindo agradeciendo algo tan exclusivo.
Francisco Escudero «El Perrete» (Lanzarote 1992) es un claro ejemplo de nexo de unión entre el flamenco y el toreo, afición y más que afición pasión que no esconde, El Perrete es de esos que se ha dejado la garganta cantándole a un torero mientras que se pasa al de los pitones rozando la taleguilla. Un buen cante desde la grada, a su debido tiempo y sin incomodar al torero es algo que le ponen «los pelos de punta al más pintao», pues Francisco es de esos, de los que sabe como y cuando puede fusionar el toreo y el flamenco.
El Perrete, pese a su juventud consta de una larga y dilatada experiencia en el mundo del flamenco, entre otros premios y reconocimientos cuenta con el premio nacional ganado en Córdoba en el 2019, alzándose con el triunfo en el XXII Concurso Nacional de Cante Flamenco de Córdoba, éste año sin ir más largo se ha echado a las costillas el peso del Festival de Flamenco y Fado de Badajoz, donde ha homenajeado al maestro Porrina de Badajoz, también ha comparecido en el Instituto Cervantes en Lisboa, La Bienal de Flamenco de Sevilla ha sido otro de los lugares donde su garganta lo ha dado todo, incluso hace pocos días en la reapertura del teatro Sao Luís de Lisboa de nuevo, ésta vez compartiendo velada con uno de los grandes de la guitarra española, Rafael Riqueni, ahí es nada, verdad?, estamos hablando de canela fina en las tablas de Lisboa esa noche.
Pero volviendo al toreo, El Perrete disfruta con el toreo con clasicismo, con limpieza, el toreo con las puntas de las zapatillas mirando a los pitones del toro, disfruta viendo una embestida con buen tranco y buen son, una embestida de repetición, de esas que el toro pasa por delante de la cintura del torero haciendo el avión. En definitiva, salvando las distancias, para torear bien hay que ser muy capaz y hay que tener muchos de esos que se guardan en la taleguilla y van apretados, igual que para cantar bien «cantao» hay que tenerlos muy bien puestos y hay que ser muy capaz de hacer que la gente se levante de su asiento para acordarse de la madre que lo trajo a uno al mundo cuando acaba su actuación.
Toreo y flamenco, flamenco y toreo, van de la mano bastantes más veces de las que nos podemos imaginar y ambas son para quitarse el sombrero con ellas cuando se hacen bien.
Por todos esos toreros que se juegan la vida delante de dos pitones, y por todos esos que llevan el flamenco por bandera como hace El Perrete, un OLÉ por vosotros.
