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La proliferación de la «indultitis»

Es cierto que indultar un toro es algo de lo más gratificante de lo que se puede disfrutar en una plaza de toros, pero todos sabemos que el indulto no es algo baladí, es algo que para que se consume tienen que darse una serie de circunstancias que antes se daban de manera muy escasa y en la actualidad y desde hace unos años se ve con mucha más frecuencia de la que se debería.

Como digo; de unos años para acá la tauromaquia sufre de una «indultitis» profunda, rara es la plaza donde a poco que un toro tenga tres tandas y meta la cara no tarda en escucharse en el tendido a quien comienza a pedir el indulto de manera indiscriminada. Y lo peor no es que se pida un indulto cuando un toro tiene varias tandas y se emplea en la muleta solamente, no, si no que se piden indultos sin ton ni son, y se conceden, sin valorar el comportamiento del toro en el capote, el comportamiento en la brega, el comportamiento en el caballo durante el tercio de varas, y por que no, el comportamiento en el tercio de rehiletes que también es importante, todo eso queda en un segundo plano para muchos de los que comen pipas en el tendido y que se conforman con ver de ir al toro tres o cuatro tandas tras la muleta, y eso no puede ser, el indulto tiene que ser el summum del toreo y para que eso se dé el toro tiene que cumplir con todas las exigencias que se le piden.

Hace poco era impensable contemplar una corrida como la que se celebró el 14 de junio de 2025 en Marbella, donde se indultaron tres toros en la misma tarde, ¿estamos perdiendo el norte?, no es lógico, como tampoco es lógico ver como los toreros fuerzan los indultos en el ruedo a base de extender la faena y de pegarle pases a algunos toros que lo unico que hacen es ir detrás de la pañosa una vez tras otra sin ton ni son, eso no es justo para el aficionado, el aficionado quiere ver toros encastados, que se emplean en cada tercio de la lidia,  toros exigentes y toros con transmisión y buen son, toros que colocan la cara y la bajan para ir tras la franela una y otra vez, con celo, con codicia, con fuerza. Pero claro, eso es lo que quieren los aficionado, y hoy por desgracia muchas plazas cada vez tienen más público pero menos aficionados, por que aunque parezca que no, no es lo mismo ver la plaza llena de público que llena de aficionados, esto último es cosa harto difícil hoy en día.

Como los indultos están baratos hoy en día, muchas veces se conceden solamente en función al número de silbidos que haya en el tendido, y gran cantidad de ellos sin tener en cuenta un detalle importante, la opinión del ganadero, este es parte esencial a la hora de conceder el indulto de un toro, no son pocos los toros que se indultan en plazas de tercera y una vez en los corrales de nuevo son sacrificados allí. ¿Para que se indulta un toro que el ganadero va a sacrificar en los corrales?, fácil y sencillo, para posturear y de cara a la galería, en los carteles de año siguiente la gente recuerda que hubo un indulto, no recuerda otra cosa, ante un indulto al año siguiente la gente tiende a recordar una faena de categoría y algo espectacular, y la mayoría de ellos no sabe que el toro indultado se fue en el mismo camión de la carne con los toros que no fueron indultado. Se suele decir, «difama que algo queda», ¿no?, pues en este caso es igual, «indulta, que algo queda».

Por otro lado, otro punto que también es crispante es ver como desde los callejones los profesionales, matadores, subalternos y distinto personal de las cuadrillas, elevan las peticiones y las protestas para forzar indultos que no tienen ni pies ni cabeza, quién está en el callejón debe de abstenerse de hacer peticiones de trofeos o indultos, debe acatar lo que indique la presidencia y santas pascuas. Es vergonzoso ver como desde los callejones en ocasiones se genera más escándalo para aumentar la petición que desde los propios tendidos.

Indultitis señores, un mal del que sufre hoy por hoy la tauromaquia y que no tiene visos de que se vaya a solucionar, por lo menos mientras quien está en la gradas no entienda que hay que exigir el indulto cuando se dan las circunstancias adecuadas para ellos y no antes, mientras que no se tenga en cuenta la opinión de los ganaderos, y mientras que en el callejón se sigan pidiendo indultos cuando se debería guardar silencio, mal vamos.

Indultitis señores… «pa lo que hemos quedao».

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