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El Mella sale a hombros en su alternativa junto a Miguel Ángel Perera y Ginés Marín. 

Buena tarde de la terna de toreros en un corrida de ganado flojo.

Plaza de toros de Barcarrota (Badajoz). Corrida de toros de la ganadería de Juan Albarrán, en la que Miguel Ángel Perera, Ginés Marín y el toricantano Sergio Domínguez «El Mella» compartieron paseíllo ante tres cuartos de entrada. Perera vistió de azul Soraya y oro; Ginés Marín, de rioja y oro; y El Mella, de espuma de mar y oro.

La tarde de la alternativa de Sergio Domínguez «El Mella» estuvo marcada por el desigual comportamiento de los toros de Juan Albarrán, varios de ellos condicionados por la falta de fuerza y raza, aunque la terna supo buscarles las vueltas para terminar ofreciendo una corrida de amplio balance artístico.

El Mella abrió plaza con un toro negro, número 51, al que recibió con el capote con la necesaria suavidad, consciente desde los primeros compases de las limitaciones físicas del animal. El de Juan Albarrán pasó por el caballo para recibir un leve puyazo y el tercio de banderillas se resolvió con dos pares. La presentación del toro fue protestada desde los tendidos.

Con Luis Miguel Amado destacando en la lidia, El Mella llegó a la muleta después de brindar la muerte del toro a sus padres. El toricantano quiso comenzar por todo lo alto, de rodillas y con un pase cambiado por la espalda, pero pronto comprobó que el toro no estaba sobrado de fuerzas ni de raza. Tiró de oficio y recursos para construir una faena limpia y voluntariosa, tratando de aprovechar cada embestida. Tras un pinchazo en el primer intento, en la segunda entrada dejó una estocada algo trasera que resultó suficiente para que paseara una oreja.

El segundo, número 11, de pelo negro, correspondió a Miguel Ángel Perera. El animal mostró poca codicia de salida y pasó por varas recibiendo un puyazo leve, aunque bien colocado. En banderillas, Fini dejó un gran par.

Perera brindó al público y comenzó una faena en la que la mano derecha adquirió especial protagonismo. El toro tendía a soltar la cara, pero el extremeño fue ganando terreno y metiéndolo poco a poco en la muleta. Hubo momentos de mayor ajuste y algunos adornos antes de que Perera se perfilara para matar. Una estocada arriba, bien colocada, resultó definitiva. La contundencia con la espada hizo que el premio alcanzara los dos orejas y rabo.

El tercero, número 52, de capa castaña, fue para Ginés Marín. El toro salió algo distraído y tomó un puyazo señalado antes de un tercio de banderillas sin mayores complicaciones.

Ginés brindó al público de Barcarrota y comenzó la faena junto a las tablas, dejando detalles de buen gusto. Poco a poco fue sacando al animal hacia los medios, teniendo que exigirle para prolongar los viajes de un toro que se quedaba corto y evidenciaba también cierta escasez de raza. El torero extremeño buscó alargar las embestidas y encontró pasajes de interés antes de entrar a matar. Una estocada algo desprendida puso fin a la labor, que fue premiada con dos orejas.

El cuarto, número 48, también castaño, volvió a caer en manos de Miguel Ángel Perera. El torero estuvo más ajustado con el capote en esta ocasión. En el caballo, el toro recibió un levísimo puyazo y llegó a banderillas echando con frecuencia la cara arriba, circunstancia que resolvió con solvencia la cuadrilla de Perera.

El animal volvió a mostrar la falta de raza que había condicionado a varios de sus hermanos, pero Perera se empleó con mando y firmeza para extraer todo lo que llevaba dentro. La faena tuvo que sostenerse sobre la capacidad del torero para imponerse a las condiciones del toro.

La suerte suprema se complicó. Perera necesitó hasta cinco intentos con los aceros, sonó un aviso antes de que un certero descabello pusiera definitivamente el punto final a la lidia. La labor fue reconocida con palmas.

El quinto de la tarde, número 57, negro, fue recibido por Ginés Marín con un toro que mostró algo más de calidad en la embestida con el capote que sus hermanos. Después de un leve puyazo, Víctor del Pozo protagonizó un destacado tercio de banderillas.

Ginés inició la faena con la montera calada y unos ayudados de corte muy torero. Después llevó al animal hacia el tercio para comenzar a construir una faena que fue perdiendo intensidad conforme avanzaron los muletazos debido a las condiciones del toro. Con la zurda surgieron algunos pasajes de mayor profundidad y, ya en la recta final, el torero se adornó con un desplante de rodillas ante la cara del animal.

Una estocada en lo alto, después de escuchar un aviso, y un descabello certero terminaron de cerrar la labor. El público premió la actuación con dos orejas y rabo.

El sexto y último de la tarde, número 32, colorado, correspondió de nuevo al toricantano Sergio Domínguez «El Mella», que afrontaba así el toro con el que cerraba la tarde de su alternativa.

El Mella se mostró decidido desde el recibo capotero. En el primer encuentro con el caballo, el toro empujó con fuerza y llegó a coger al caballo por los pechos, derribándolo. En banderillas, Luis Miguel Amado tuvo que exponer y protagonizó un tercio de mérito, hasta el punto de que el público le obligó a desmonterarse.

El Mella brindó la muerte del toro a su cuadrilla. El animal resultó, a la postre, el de mejor presencia de toda la corrida y permitió al toricantano desplegar un mayor número de recursos. El diestro fue construyendo una faena que encontró una respuesta muy favorable en los tendidos, especialmente por su disposición y capacidad para resolver las distintas situaciones que fue planteando el toro.

Después de un aviso, dejó una estocada en lo alto, algo tendida, y necesitó recurrir al verduguillo para acabar con el animal. El esfuerzo tuvo recompensa y El Mella cortó dos orejas y rabo, poniendo un brillante broche a la tarde de su alternativa.

La corrida de Barcarrota terminó, por tanto, con un balance de dos orejas y rabo para Miguel Ángel Perera, cuatro orejas y rabo para Ginés Marín y tres orejas y rabo para El Mella, que celebró su alternativa con una destacada actuación ante sus paisanos.

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