Jaén ponía punto y final a su feria de San Lucas con un cartelazo, Diego Ventura, Curro Díaz y Emilio de Justo acartelados junto a la ganadería de Victorino, con el aliciente de ver a Diego Ventura toreando por primera vez una corrida completa de los de la A coronada.
Comenzaba la tarde con fuerza, Diego lidiaba su primero con mucho temple y maestría, como nos tiene acostumbrados, un toro que trataba de ponerse por delante del caballo de Diego en cada galopada, apretando y con celo, un toro con nobleza, sin estar sobrado de fuerza pero con la suficiente para aguantar las exigencias del toreo a caballo de Diego Ventura y soportar bien los dos rejones de castigo. El temple de Diego hacía que el toro saliese de la querencia y provocaba sus embestidas con las que manejaba las distancias a la perfección. El toro presentaba un buen tranco que permitió a Ventura realizar un buen tercio de banderillas, colocando tres banderillas cortas y tres rosas con una ejecución perfecta. Espectacular el manejo del rejón de muerte por parte de Ventura, un rejonazo que tuvo un efecto fulminante y que hizo rodar al toro en prácticamente en el mismo instante. Como resultado de la faena Diego obtuvo las dos primera orejas de la tarde.
El segundo del lote de Ventura fue un toro más reservón y con menos cualidades que el primero, aun así Diego Ventura se las ingenió para conseguir que el toro no se cerrase en tablas donde la faena era mucho más dificultosa. A la hora de realizar los cambios de caballo Diego Ventura era un autentico rayo, no perdía tiempo y no dejaba pensar al toro, banderilla, banderillas cortas y rosas eran puestas todas prácticamente encadenadas y sin respiro, consiguiendo que el toro mantuviese una actitud que permitía una lidia lucida y vistosa. El yerro con el rejón de muerte hacía que Ventura perdiese una de las dos orejas que en buena lid se había ganado, dos pinchazos y un rejonazo al completo hicieron que solamente paseara una oreja del segundo de su lote.
Tras el rejoneo era el turno del toreo a pie, donde Curro Díaz, el torero de la tierra, en el primero de su lote ofreció un toreo de raza, exprimiendo hasta la última gota de toreo que el toro tenía dentro, recibía a su primero con un buen toreo de capote, jugando los brazos y haciendo que el toro se embarcara en una embestida de toreo de carretón, un tercio de varas con un castigo justo y sin excesos, en banderillas el toro no fue cómodo para los rehileteros, a los que no les permitía cuartear sin apreturas. Un buen toreo de muleta, sin arrebatos y midiendo al toro para encontrar la distancia y altura justas, toreo de entrega y valor que junto a un buen uso de la espada permitió que Curro Díaz pasease las dos orejas del primero de su lote.
El segundo de Curro fue un toro que exigió lo máximo del toreo, un toro ágil a la hora de revolverse y que iba detrás de la muleta con la cara perfectamente colocada, una buena lidia en todos sus tercios donde se midieron los capotazos, el castigo en varas y las exigencias con la muleta, un toreo asentado y sobrio daba como resultado que el torero de la tierra echase al esportón las dos orejas de su segundo adversario.
Y llegó el turno de Emilio de Justo, si hay un torero que haya ofrecido una temporada rotunda ese el torrejoncillano, no son pocas las tardes de importancia que ha tenido Emilio durante esta temporada, Madrid, Valladolid, Sevilla entre otras muchas confirman el buen estado de Emilio delante de los toros. En el primer toro de su lote Emilio de Justo ofreció un escaso toreo de capote, el toro no permitió el lucimiento pleno y Emilio solo pudo jugar algún lance con el percal, en varas el toro fue pronto al caballo, empleándose en el primer momento con el caballo, pero dejándose pegar durante el encuentro con el varilarguero. El tercio de banderillas pasó sin nada que destacar y a continuación con la muleta Emilio consiguió vaciar al de Victorino, un toreo asentado, exigente, metiendo los riñones en muchas ocasiones y vaciando los muletazos detrás de la cadera, el toro ofrecía viajes largos y con muy buen son, colocaba la cara perfectamente en la muleta y hacía el avión detrás de la muleta de Emilio de Justo. Una y otra vez ofrecía Emilio los vuelos de su muleta a «Paquito», los 475 kilos de este parecían no pesar para desplazarse perfectamente detrás de esos vuelos de esa muleta ofrecida por el torero. A la hora de la suerte suprema el público comenzó a pedir el indulto del toro de Victorino, pero es justo reconocer que el toro no ofreció un primer tercio y una pelea en varas como para ganarse el volver al campo. Cada vez que el torero montaba la espada para ejecutar la suerte un sector del público arreciaba los silbidos y la petición de indulto, un aviso le costó al torero la espera para ver si el indulto llegaba o no, el fallo a la hora de utilizar la espada hizo perder los trofeos que de justicia le pertenecían a Emilio, es de justicia decir que el toro fue premiado con la vuelta al ruedo.
El segundo toro fue otro muy buen toro de los de la ganadería de Las Tiesas, éste presentaba buena condición con el capote, repetía y permitía a Emilio estirarse con el capote a la verónica, buen tercio capotero y buena pelea en varas, que aun sin emplearse el toro metiendo los riñones si apretó contra el caballo, el tercio de banderillas se resolvía con oficio por parte de la cuadrilla de Emilio. El comienzo del toreo de muleta probaba al toro que apuntaba buenas maneras, un viaje con codicia y buen son hacia que Emilio comenzase a apretar al toro en cada uno de sus envites, es cierto que el toro se revolvía y en ocasiones buscaba los tobillos del torero, pero esas exigencias en los toros de Victorino es algo que se espera en la gran mayoría de ellos. Volvía Emilio a ofrecer los vuelos de su muleta al toro, a meter los riñones y a llevar largo al toro, de nuevo vaciaba los viajes detrás de la cadera y conseguía que el público reconociese el esfuerzo del torero y la calidad del toro. Un manejo bastante más acertado de la espada en este segundo toro consiguió que Emilio acompañase a sus compañeros en la salida por la puerta grande, dos orejas ganadas a pulso y de ley que hacían justicia al esfuerzo del torero durante toda la tarde.
Los tres toreros y el ganadero salieron a hombros por la puerta grande del coso jienense, hay que reconocer el excelente trabajo que se está haciendo en la ganadería de Victorino Martín, Valladolid y Madrid son los ejemplos mas cercanos a Jaén donde se ha visto que la ganadería de Victorino está atravesando uno de sus mejores momentos y es una de las ganaderías con más peso de todas, toros importantes, toros que permiten el toreo de lucimiento y que hacen las delicias del público son difíciles de ver así como así y Victorino lo está convirtiendo en algo habitual en su ganadería. Chapó por los tres toreros y por el ganadero ya que ofrecieron una corrida de las que hacen afición.
