Toros de La Quinta por primera vez en Badajoz.

En la tarde del sábado 21 de julio se celebraba en el coso pacense de la avenida de Pardaleras la segunda de las corridas de toros previstas en las ferias y fiestas de San Juan de Badajoz, donde un cartel completamente extremeño formado por los maestros Antonio Ferrera, Alejandro Talavante y Emilio de Justo lidiarían toros de la ganadería de La Quinta, ganadería que por primera vez lidiaba en esta plaza de toros. Entre el publico reinaba cierta expectación por ver los toros de procedencia Santa Coloma y que en multitud de ocasiones a pesar de sus dificultades en la lidia permiten desarrollar excelentes faenas que hacen las delicias de toreros y aficionados.
Con poco más de media entrada (menos de lo que todos podíamos esperar) a las ocho y media de la tarde saltaban los alguacilillos al coso de pardaleras para dar comienzo al festejo. Festejo con unos toros con una buena presentación y acorde a la lugar donde se lidiaban, con un rango de pesos bastante amplio los toros iban desde los 612 kilos del primero del lote del torrejoncillano Emilio de Justo hasta los 494 que era el de menor peso y que también le toco en suerte al diestro de torrejoncillo.
Abría plaza el maestro Ferrera y el primero de la tarde resultó un toro con unas muy buenas echuras y una muy buena presencia que aplaudió el público. Buen saludo capotero del maestro de Villafranco, lucido y vistoso, el capote azul con menos apresto y más lacio hace que en ocasiones los lances resulten más vistosos para el publico ya que el color y la movilidad de ese capote son sin duda una nota diferencial, por otro lado es un capote con el que el diestro trata de dar visibilidad al colectivo del sindrome de Down.
El tercio de varas tuvo una tónica general en toda la corrida, fuertes castigos a los toros durante los encuentros con los caballos, empleándose a fondo los del castoreño para ahormar a los de La Quinta durante toda la tarde, tras el tercio de varas el público le pedía al maestro Ferrera que tomase los rehiletes para que fuese él quien banderillease al de La Quinta. Tercio lucido y vistoso por parte el maestro que hizo que el público disfrutase desde las gradas.
La faena con la muleta resultó ser una faena asentada y serena que se desarrolló en gran parte con la mano derecha, buena entrega por parte del maestro Ferrera pero sin llegar a romper plenamente en las gradas, un toro con su punto de raza que poco a poco fue buscando cerrarse en tablas sin llegar a refugiarse en ellas pero si marcando la querencia, a la hora de usar la tizona, un pinchazo y una estocada entera algo tendida hicieron rodar al de La Quinta, consiguiendo una justa oreja en este primer toro.
En el segundo del lote el maestro Ferrera volvía a realizar una buen saludo capotero echándose al suelo y recibiendo al toro con un par de largas cambiadas, unas verónicas jugando bien los brazos hizo que el público desde el primer instante se calentase con lo que estaba viendo en el ruedo. De todos es sabido que el maestro Ferrera es siempre una caja de sorpresas y en esta ocasión fue él mismo quien decidió picar y banderillear su segundo toro, no deja de ser algo que sui genereis y que no a todos los aficionados les hace gracia, en ocasiones este tipo de acciones deslucen la lidia y resultan algo caóticas, haciendo que haya gente que muestre su disconformidad, aunque gran parte del público (que no aficionados, ya que existe cierta diferencia) se mostrase encantado con todo lo ofrecido en el ruedo.
Tras la variedad de situaciones ofrecidas por el maestro Ferrera daba comienzo a su faena de muleta con el ultimo de su lote, una faena muy bien planteada, con una muleta mandona y exigiendo al toro que se emplease por ambos pitones, buenas series de naturales y algunos derechazos de cartel hacían que la gente siguiese disfrutando. A la hora de la suerte suprema volvió a parecer esa manera tan personal de entrar a matar del maestro Ferrera, donde colocado a bastante distancia del toro comienza a andarle al toro para terminar recibiendo al toro, en esta ocasión se atracó de toro y colocó una estocada algo contraria, pero completa y de una mucha eficacia que hizo que el de la familia Conradi rodase casi al instante, fuerte petición de las dos orejas por parte del público e incluso hubo una petición de rabo concierta insistencia por parte de público y reconocimiento del público al toro con aplausos en el arrastre.
A Alejandro Talavante le correspondió el lote que menos sirvió en el festejo, en ambos toros realizó un buen saludo capotero y como fue la tónica de la tarde le administraron un excesivo castigo en el tercio de varas a ambos toros, dos aseados y rápidos tercios de banderillas dieron paso a dos faenas de muletas muy similares, faenas que no conseguían llegar a los tendidos, el maestro Talavante trató de exigirle a los toros en ambas faenas, pero no conseguía que los toros llevasen buen son tras los vuelos de la muleta, una buena dosis de entrega en los inicios de cada faena que no terminaban de cuajar daba paso un final de faena sin atractivo y sin repercusión en el público, llegando a recibir el silencio por parte del público en ambas faenas.
El primero del lote de Emilio de Justo fue el toro de mayor presencia de toda la corrida, 612 kilos de toro que a pesar de su gran porte y presencia daba la sensación de que le cabían más kilos, un lucido saludo capotero dejaba ver la buena condición del toro y las buenas formas que presentaba, una vez más el tercio de varas resulto con un castigo excesivo como ocurrió en todos los toros lidiados en la tarde, tercio de banderillas limpio y rápido que dio paso a la faena de muleta, una faena rotunda, de mando, en la que Emilio enganchaba uno tras otros los trazos con la muleta haciendo que el toro fuese tras de ella consiguiendo llegar al público, tanto por el pitón derecho como por el izquierdo el toro requería un buen empleo por parte del diestro, pero ofrecía un buen son con codicia y nobleza. Al final de la faena el maestro De Justo erró con los aceros y perdió todo lo que parecía tener en el esportón.

El segundo de Emilio fue el de menos peso de la tarde, 494 kilos, una gran diferencia con el primero que lidiaba el torrejoncillano, más de cien kilos. En esta ocasión aunque Emilio trató en emplearse tanto con el capote como con la muleta resultaba infructuoso, un toro noble pero simplón y con poco fondo hacia difícil el lucimiento por parte del torero, el toro amagaba con rajarse y buscar las tablas y a pesar de que Emilio le cambiaba los terrenos no conseguía que este se emplease en la muleta. Una estocada algo desprendida hacía rodar al toro y recibía una merecida oreja como recompensa al esfuerzo realizado con el toro menos propicio de la tarde.
Antonio Ferrera: Oreja y dos orejas
Alejandro Talavante: Silencio y silencio
Emilio de Justo: Ovacion y Oreja.
