Morante, Morante, Morante…
Gran parte de la afición taurina aún se encuentra recuperándose de ese mazazo que supuso ayer el ver como el diestro cigarrero se llevaba las manos a la cabeza y se quitaba el «añadio» para mostrarlo a todos los aficionados y poner un punto y por ahora final a su carrera como matador de toros. Es cierto que el diestro de El Baratillo ya llevó a cabo un parón de varias temporada en la primera década de los años 2000, pero ahora esto suena más serio, no suena a punto y seguido o a puntos suspensivos, esto suena a punto y final, un punto y final que deja a una gran multitud de aficionados sin un referente y sin el aliciente que los llevaba a la plaza cada tarde.
Solo el diestro de la Puebla sabe que motivos lo han llevado a tomar tal decisión, no podemos ni debemos elucubrar con los motivos que han tenido como consecuencia que el diestro haya finalizado su etapa en los ruedos. El propio diestro ha reconocido a lo largo de los años sus problemas de salud, cosa que le honra, y cosa que hace que sus actuaciones puedan tener más valor aún si cabe, pero sus tormentos y sus problemas de salud pertenecen a su intimidad y como tal han de ser respetados y no debemos disparatar sobre dichos problemas.
Independientemente de que sus problemas de salud hayan condicionado o no su decisión hay que reconocer que a Morante se le mide o se le medía con otra vara de medir que al resto de los toreros, partamos de la base que hay veces en las que el diestro ha tenido algunas tardes con actuaciones más que reprochables, pero, ¿quién no ha pisado barro barro y se le han manchado los zapatos alguna vez?, que me pongan sobre la mesa un solo torero que no haya tenido que irse alguna vez de algún ruedo con la cara poco menos que colorada… Pero, ¿y las tardes buenas?, ¿qué?, esas tarde sí que no las puede ofrecer cualquiera, esas tardes sí que solo eran suyas y sí que nos ofrecía un toreo que nadie más nos puede ofrecer, toreo pausado, añejo, toreo de gran categoría donde algunas veces parecía parar el tiempo, toreo de clase, de suertes de torear que muchos de los que chillaban desde el tendido el clásico «¡¡¡ Es que yo pago!!!» no habían visto en su vida hasta que Morante no se las enseñó y aún así se dejaban la garganta chillando y silbando con las posaderas en la almohadilla (que supongo también habrían pagado).
Esos del «¡¡¡ Es que yo pago!!!» y demás compañeros mártires de frases parecidas que sientan cátedra pronunciadas desde las gradas no son los culpables de que Morante haya pegado el cerrojazo a su etapa en los ruedo, pero a fe mía que tiene gran parte de esa culpa. Todo pesa, y escuchar tarde tras tarde a esos derrotistas acaban minando a cualquiera y dentro de todos los motivos que haya para que el maestro haya tomado la decisión, seguro que tienen su buena dosis de culpa.
Hoy es el día después de Morante, el día después del adiós o quizás el día después de un simple «hasta pronto», eso solo lo sabe el diestro de El Baratillo, hoy queramos o no, todo sigue igual, el sol vuelve a salir por el mismo sitio y se vuelve a poner por el mismo lugar donde lo hace cada tarde, hoy todos seguimos con nuestra vida como si nada hubiera pasado, con nuestros problemas, con nuestros achaques, con nuestras discusiones familiares y de amigos, hoy todo sigue igual, todo sigue igual hasta que veamos aparecer los carteles de las grandes ferias de año que viene y falte el de la montera añeja y el puro, ahí nos comenzaremos a dar cuenta que nos faltará aliciente, que a muchos les faltará motivación para ir a la plaza, ahí tendremos más disparidad que nunca a la hora de pensar por ejemplo en quien torea en Sevilla un lunes de resurrección. Ahí será cuando comencemos a echar de menos a José Antonio Morante Camacho.
Esperemos que solo sea un paréntesis y que vuelva cuando el considere oportuno que tienen que volver a «hervir» los tendidos de las plazas de toros, esperemos que algún día volvamos a ver ese toreo añejo poner de pie a los aficionados que nunca han querido que se fuese.
Mucha suerte en tu nueva etapa maestro, ojalá podamos seguir disfrutando de tu toreo en algún momento.
